INTEGRACIÓN I

Este Domingo paseaba por un mercadillo y me llamó la atención un hombre árabe (o moro, o magrebí, o norteafricano o cualquier término capaz de rehuir tanto lo ofensivo como lo eufemístico) que ofrecía su mercancía al más puro estilo gitano. Para que se entienda: a grito pelao.
No es que ellos (los árabes) sean precisamente ejemplo de silencio y quietud en sus zocos. Pero ese estilo tan calé, tan chacho, tan “mari que lo llevo barato” que yo escuché en aquel hombre era algo muy nuestro, muy alejado de su origen y que él hizo muy suyo. Algo interesante y bonito de ver. Eso era integración.
mercadillo

IRREVERSIBLE

Cuando un coche deja de funcionar, porque una de sus piezas falla, el mecánico lo arregla y el automóvil vuelve a arrancar. La solucionabilidad del problema no depende del tiempo que tardemos en llevarlo al taller desde que se estropea. Cuando una red eléctrica cae, se subsana el fallo y se restablece el suministro. Una nevera, un microondas, una lavadora, un ordenador… Todos estos artilugios pueden volver a la “vida” tras haber parado. No es que todas las máquinas sean reparables. El asunto está en que, si existe apaño, pueden volver a funcionar tras su percance.
En los seres vivos, sin embargo, las averías son definitivas. Cuando un cuerpo humano deja de funcionar porque el corazón falla, no vuelve a ponerse en marcha aunque se le instale un corazón nuevo. Cuando la vida se apaga, es irreversible. En ocasiones no habría habido solución posible de todos modos, pero en otras sí. Una arteria obstruida que detiene la circulación sanguínea. Se desatasca, y a bombear. Sería tan sencillo…
Pero no. Nuestra vida es ininterrumpida, una función continua, una sola carga de batería desde que se nos desconecta del cordón umbilical. Un sólo encendido, un sólo apagado. La mayor de las consecuencias para el mayor de los aprendizajes: el valor de la vida.
Podemos crear personas, células, sondas espaciales. Podemos imaginar avances increíbles, eternas juventudes, cánceres erradicados. Pero, ¿quién predice la reversibilidad de la muerte? Intuitivamente, sabemos que hay algo en ella que no podremos controlar, que será cada vez más evitable, pero nunca reversible. Falta de oxígeno, daño de tejidos, paro cerebral… ¿O algo que escapa?

 

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