CAMUFLAJE

Los debates sobre la conveniencia, el carácter ético o el significado del velo o hiyab con que las mujeres islámicas se cubren, prenden con facilidad. Abundan los argumentos a favor y en contra. Desde ambas partes se ofrecen explicaciones razonables y desde ambas partes se ofrecen explicaciones estúpidas.

De esta polémica que aquí no se pretende abrir, llama la atención la crítica que se hace al pañuelo por su función de ocultación de la mujer. Se les enseña a las jóvenes que no deben mostrar su cuerpo por motivos de honestidad y para que nadie excepto su marido (presente o futuro, incluso pasado) pueda disfrutar de su belleza. Se ataca el hecho de que la mujer islámica, cumpliendo los preceptos que marcan sus creencias, deba camuflar su cabello, la forma de su cuerpo, o incluso parte de su rostro en las variantes más radicales de esta religión.

Los términos no son del todo comparables, pero podemos decir que la mujer occidental, por el contrario, se precia de poseer plena libertad de vestuario y apariencia; de no subordinarse a imposiciones que le obliguen a esconder una determinada parte de su cuerpo.

La mujer occidental se considera plenamente libre, y con plena libertad se aplica tintes que oculten el color de su pelo. Desde su libre albedrío, utiliza maquillaje para esconder la edad de su rostro y cambiar la expresión de su mirada. Siempre como elección personal, se enfunda en fajas que transformen la forma de su cuerpo, contra la que a su vez suele luchar con múltiples productos y dietas. Voluntariamente, calza tacones que disfracen su estatura

Y me pregunto yo, ¿estamos realmente en condiciones de dar lecciones sobre el hecho de que el cuerpo de la mujer no debe de ocultarse? ¿Nosotras no vivimos camufladas?

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COMUNICACIÓN

“-A mi padre lo mataron en la guerra cuando yo tenía nueve años. Mi madre quedó viuda muy joven y yo al ser la hermana mayor la tuve que ayudar.
– Mi madre murió del corazón. Mi padre se quedó solo con ocho hijos que criar.
– Yo a los once años ya trabajaba de criada en una casa. Me daban para comer migas sin aceite. Nunca puse un pie en la escuela.
– ¡Uy, ni yo! Iba al campo desde muy joven. Tampoco fui a la escuela. Ni sé lo que es un juguete.
-Jugar, así en la calle, yo no he jugado en la vida. Me fui a servir tan pequeña…”

No, esta entrada no habla sobre lo dura que era la infancia años atrás. Habla sobre la comunicación. Concretamente, sobre lo que no es comunicación. Esta conversación tenía lugar hace media hora en un centro de salud entre dos ancianos que esperaban para su visita al médico, igual que yo. Estos dos interlocutores han estado hablando durante casi veinte minutos, y yo, que estaba a su lado, creo que no se han dicho nada. Al menos no el uno al otro. ¡Se lo han dicho todo a sí mismos! Cada uno ha contado su historia, por turnos más o menos respetados. Ella empezaba el relato de su primer trabajo, él se superponía con el suyo. No se miraban. Estoy bastante segura de que no se escuchaban. Durante la intervención de una, yo diría que el otro preparaba su parte para intercalarla a la mínima pausa de la compañera.
Y no va esta reflexión contra las personas mayores que, con pocas oportunidades de recordar su importante y muy interesante pasado, quieren “hablar de su libro” en una sala de espera. Esto es sólo un ejemplo de un problema que ocurre a menudo y que he observado en muy variadas situaciones. Las personas, en el hablar cotidiano, muchas veces superponemos nuestros respectivos mensajes sin llegar a intercambiar información.  No escuchamos, esperamos nuestro turno para hablar de nuevo. Y esto no es comunicación.

 

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PROSOPOPEYA

Los mercados desconfían de las cuentas de las comunidades autónomas. Los mercados no paran de demostrar que están perdiendo la fe en la economía española. Los mercados enjuician a España tras la nueva desviación del déficit. Los mercados votan por Sarkozy. Schäuble espera que los mercados se calmen en un horizonte de 12-24 meses. Dos auditorias externas para que los mercados confíen en la reforma financiera. Alierta asegura que los mercados no reconocen el potencial de Telefónica. España se enfrenta a los mercados con la emisión de hasta 2.500 millones de euros en bonos. Los mercados ponen a prueba a España tras conocerse el déficit oculto de algunas CC.AA. ¿Podrá la reunión del Eurogrupo servir de bálsamo para los mercados? A veces los mercados reaccionan como una manada. Los mercados ven con recelo e incredulidad que sea posible hacer tantos recortes y tan rápidamente.

Los señores mercados, entes en un principio abstractos que en algun momento adquirieron capacidad para confiar, desconfiar, tener fe, enjuiciar, votar, reconocer, enfrentarse, poner a prueba, e incluso ver. Poseedores de cualidades humanas y a veces casi espirituales. Poderosos, influyentes y mediáticos. Potenciales portadas de Forbes, si algun valiente les presta un rostro.